El año comenzó en cámara rápida con la prisa del examen profesional y la emoción del nuevo trabajo. Para variar, tuvimos una de las fortuitas visitas Melissianas que incluyó un extraño cumpleaños de Toñito, la tradicional comida en Sanborns, el imperdonable licuado de Mamey, el primer concierto del año y el épico Lalafest en una misma noche, cerrando con la última cena y nuestra primera visita a Piloncillo y Cascabel.
Después de un enero caótico, las cosas se acomodaron a un ritmo más estable: empezaron las clases en la UNAM, el estrés por arreglar los papeles para la beca de la maestría y el tiempo de ocio; cuando empecé a digerir los sucesos del terrible 2009 llegó la depresión, la ira y los delirios que se fueron contrarrestando con las diferentes obsesiones conllevaron al inicio de este blog. La respuesta de CONACyT y otros factores culminaron el hundimiento y para cuando llegó el Mundial, ya estaba tan abajo que no había otra opción que empezar a subir.
Después de un verano sanador con Melissa, todo volvió a tomar velocidad de nuevo, un par de encuentros cercanos del tercer tipo me pusieron a prueba exitosamente, en un parpadeo pasó el bicentenario y un muy agotador Rocktubre. Para noviembre, mi vida dio un nuevo giro de 180° pues me contrataron en una secundaria para dar clases de física. Uno creería que después de cursar la prepa y la secundaria casi 10 veces te da tablas para este tipo de trabajo pero ¡NO! Aún así, estoy aprendiendo mucho y hasta eso lo disfruto. La llegada de diciembre me dejó agotada entre la UNAM, la secundaria y las clases particulares. Diciembre también me dejó muy orgullosa de mi mamá por aventarse a hacer su tesis y acabarla en menos de 6 meses.

Aún en los puntos bajos hubo aprendizaje y bastante diversión; me volví una maestra en repostería (me encanta hacer cupcakes con David y Natalia), leí 11 libros, adquirí buena condición física (probado el día que subí a Capilla de San Miguel, 9 km de cerro y en la noche a concierto), vi muy buenas y muy malas películas, comí delicioso, fui a 17 conciertos diferentes con mi querido hermano, caí en la tentación de twitter, abandoné y regresé a facebook, aprendí a jugar Backgammon gracias a Drutt y Pato, perdimos a la gata más linda del mundo, hice varios planes alternos posibles para el postgrado, estoy escribiendo un capítulo para un libro, me re-enamoré perdidamente de Belle & Sebastian y Arcade Fire, hice bastante ejercicio, conocí nuevas bandas, puse el árbol (no lo había hecho en 6 años) y sobre todo soy YO otra vez.
Un año de crisis, sí, muchos cambios, sobre todo en mí y mi cabello, pero ambos crecen. Veamos qué nos trae el 2011.
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